El reflejo de Moro: ese susto que se pega tu bebé… y tú también.

¿Alguna vez has visto a tu bebé durmiendo plácidamente y, de repente, ¡zas!, da un salto con los brazos estirados como si se hubiera caído en una montaña rusa? Que no cunda el pánico, no es que haya tenido una pesadilla ni que el alma se le haya salido del cuerpo. Es algo totalmente normal: se llama reflejo de Moro.

¿Qué es el reflejo de Moro?

El reflejo de Moro (también conocido como reflejo de sobresalto) es uno de esos reflejos primitivos con los que nacen los bebés. Y sí, «primitivo» no porque sea raro, sino porque forma parte de lo más básico de su desarrollo neurológico.

Cuando hay un cambio brusco –un ruido fuerte, una luz repentina, una sensación de caída o incluso su propio llanto– tu bebé reaccionaría extendiendo los brazos, abriendo las manos y, después, recogiendo todo otra vez. Es como si dijera: “¡¿Qué ha pasado aquí?! ¡Abran paso que me abrazo!”.

¿Cuándo aparece y cuándo desaparece?

Este reflejo suele aparecer desde el nacimiento y suele desaparecer entre los 4 y 6 meses. Si lo ves con frecuencia en las primeras semanas, es buena señal: significa que su sistema nervioso está funcionando como toca.

Ahora bien, si no lo ves en absoluto o si, por el contrario, sigue demasiado tiempo (más allá de los 6 meses y medio), es buen momento para consultar con su pediatra, sin alarmarse, pero con curiosidad.

¿Por qué puede afectar al sueño?

Aquí viene la parte menos graciosa del asunto: el reflejo de Moro puede ser uno de los culpables de que tu bebé se despierte mil veces por la noche. Están en pleno ciclo de sueño ligero, hacen un micro movimiento… y de repente: ¡brazos al aire, susto y despertar!

Y claro, tú te despiertas también. Porque si hay algo que el reflejo del Moro no tiene… es discreción.

¿Qué puedes hacer para ayudarle?

Aquí van algunas ideas prácticas:

  • Contención suave: envolverle con una muselina (el famoso “swaddling”) puede ayudar, siempre que se haga con seguridad y solo en bebés que no se giran todavía. Es mejor no abusar de esto.
  • Ambiente tranquilo: luces suaves, poco ruido, y si puedes evitar el portazo del armario de la cocina, mejor.
  • Contacto físico: porteo, brazos, colecho seguro… el cuerpo de mamá o papá es un buen antídoto para los sustos nocturnos.

¿Cuándo consultar?

📌 Si el reflejo no aparece desde el nacimiento.
📌 Si sigue presente de forma clara más allá de los 6-7 meses.
📌 Si solo se da en un lado del cuerpo (por ejemplo, un brazo sí y otro no).

En esos casos, mejor hablar con su pediatra o especialista en desarrollo infantil.


Conclusión

Así que si ves a tu bebé hacer su “coreografía del susto”, puedes respirar con tranquilidad: es simplemente su sistema nervioso haciendo sus prácticas.

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